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Aniversario del Voto de la Mujer Mexicana!!!

oct 18, 2011 por

Señoras y señores:                             

 Es un honor para mí estar esta mañana con ustedes en una fecha tan representativa y simbólica para las mujeres. En un evento en el que no sólo se analizará la inclusión de las mujeres indígenas en la vida política sino, sobre todo, en el que se esbozarán soluciones a los complejos problemas que enfrenta este sector de la población.

 Felicito sinceramente a los organizadores de este evento y a todas las personas que por muchos años han luchado por lograr que las mujeres contemos con derechos políticos plenos.

 No obstante que desde 1953 las mujeres mexicanas fueron reconocidas como ciudadanas con derechos y obligaciones en la Constitución, aún observamos una subrepresentación política que deriva del desequilibrio en las relaciones de poderes entre los géneros.

 Ante esta realidad, se requieren emprender acciones que nos permitan alcanzar una efectiva equidad de género en la toma de decisiones públicas sin perder de vista que las mujeres vivimos circunstancias distintas a los hombres y que no podemos diseñar un sistema jurídico homogéneo, es decir, un sistema que desconozca las distintas condiciones que de manera estructural afectan a las personas, como pueden ser la pobreza y la pertenencia a pueblos indígenas.

 La política de equidad, entendida no sólo como la igualdad de trato sino como la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, debe institucionalizarse en todos los campos de acción del Estado. Es necesario que las instituciones reconozcan no sólo las diferencias que existen en el ejercicio de los derechos políticos entre hombres y mujeres, sino entre los grupos que sufren alguna desventaja social, para que se esfuercen por diseñar acciones que disminuyan las brechas existentes entre los diferentes sectores de la población.

 Sólo si se materializan las llamadas “acciones afirmativas”, como las cuotas de género, lograremos avanzar en los procesos democratizadores de la sociedad. Y con esto no me refiero únicamente a cambios en el marco legal, sino a los cambios culturales y, por ende, a las transformaciones institucionales que deben impulsarse a lo largo y ancho del territorio nacional, pues ha quedado demostrado que uno de los mayores obstáculos en el ejercicio de los derechos político-electorales de las mujeres lo constituye la cultura social.

 Muestra de ello es que el sistema de cuotas comenzó a implantarse en nuestro país desde 1993 y casi 20 años después nos topamos con situaciones como el de las llamadas “Juanitas” en el Congreso de la Unión.

 En las pasadas elecciones federales todos los partidos políticos cumplieron con la disposición de las “cuotas” al incluir un mínimo de 30% de mujeres como candidatas a la Cámara de Diputados. Sin embargo, y a pesar de que se incrementó en un 28% el número de mujeres electas como diputadas para conformar la presente legislatura en comparación con la anterior, presenciamos el bochornoso caso de 8 diputadas que solicitaron licencia por tiempo indefinido para que sus curules fueran ocupadas por hombres.

 Esto es una muestra clara de que en el papel se promueve una mayor participación política de las mujeres; sin embargo, en la práctica se continúa limitando la influencia femenina en la toma de decisiones de nuestro país.

 Baste observar la presencia de las mujeres en los puestos de mayor nivel en los Poderes de la Unión y en los distintos niveles de gobierno: la presencia femenina en el Congreso ocupa cerca de 25%, mientras que en el Poder Ejecutivo sólo dos mujeres son titulares de alguna Secretaría de Estado y dos más ocupan el cargo de ministro en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 Por lo que se refiere a los ejecutivos locales, en 3 décadas sólo cinco mujeres han gobernado una entidad federativa, en tanto que el número de mujeres como presidentas municipales se ha mantenido entre el 3.5 y el 5 por ciento.

 Y qué decir de las mujeres indígenas, quienes sufren una doble discriminación por razón de su género y condición étnica. Su incorporación a la vida política representa un gran reto que puede dimensionarse si recordamos que México es el país con mayor población indígena en América Latina al contar con más de 10 millones de personas que se identifican como tales y que cuentan con valores propios y realidades culturales muy diversas.

De manera particular, la desigualdad de las mujeres indígenas se evidencia por las dificultades que tienen para acceder a los recursos económicos y productivos, pues el porcentaje de la Población Económicamente Activa femenina indígena es de tan sólo el 25.6% frente al 70.8% de la masculina, lo que se traduce en la marginación de las mujeres del ámbito público y del ejercicio de cargos de elección popular.

 Esto nos lleva a concluir que la definición cultural del papel de género de las mujeres continúa siendo de dependientes económicas y de responsables del cuidado doméstico y familiar, lejos de una labor de gestión social y de la formación de liderazgos dentro de las organizaciones comunitarias.

 Para combatir estas situaciones es necesario hacer más visible el problema que enfrentamos. Se requiere posicionar el tema tanto en la agenda pública como en la gubernamental para que no nos quedemos en los mínimos de la participación electoral de las mujeres.

 El objetivo último debe ser la construcción de una ciudadanía preocupada por participar en todas las etapas de la vida pública, desde la toma de decisiones en el ámbito familiar y laboral hasta el acceso a los cargos de elección popular, pasando por la vida colectiva de los pueblos y las comunidades.

La máxima participación de las mujeres en la vida política y económica no sólo permitirá el pleno ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, también hará posible el pleno desarrollo de la nación y la consecución del bienestar social.

 Eventos como al que ahora asistimos permitirán conocer las realidades a las que se enfrentan las mujeres indígenas con la finalidad de diseñar estrategias que nos permitan alcanzar una sociedad verdaderamente incluyente y democrática.

 Enhorabuena

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